TENDENCIAS MODERNAS DE ORGANIZACIONES EMPRESARIALES.
Los cambios previstos – que ya están siendo crecientemente
experimentados por las empresas – requieren de transformaciones que, en lo principal,
apuntan hacia:
1. Organizaciones más planas. La empresa típica tendrá menos
de la mitad de los niveles de administración que tiene hoy y no más de la
tercera parte de los administradores.
2. Aumento de la responsabilidad en los niveles inferiores
de la estructura organizacional, básicamente impulsada por la tecnología y el
conocimiento especializado en la fuerza de trabajo.
3. Disminución del tamaño de las unidades de producción para
un mejor control y gestión de los recursos y procesos involucrados.
4. Rediseño en la organización social del trabajo en
pequeñas unidades operativas. Esto significa estimular un mayor compromiso con
el proceso de producción y con la vida misma de la empresa, cuya incidencia se
ve reflejada en el aumento de la productividad.
5. Evitar la excesiva especialización de los trabajadores y
ejecutivos, lo que implica la polivalencia progresiva de sus conocimientos.
6. Tener equipos de trabajo autodirigidos que tengan
atribuciones para definir su jornada laboral y la organización del mismo, y
definir sus metas, es decir, mayor autonomía en las dimensiones centrales del
trabajo.
7. Capacitación, aprendizaje y evaluación continua en la
perspectiva del logro de una calidad total.
8. Introducción de nuevos sistemas de recompensas y
satisfacción de expectativas para que respondan adecuadamente a las
motivaciones cambiantes de los trabajadores y al aumento de la productividad
del trabajo.
9. Innovación de los sistemas de gestión de los recursos
humanos más basados en la cooperación, motivación, participación y autocontrol,
que permitan desarrollar una cultura laboral madura, responsable y
participativa.
10. Aumento y ampliación de los flujos de información a
todos los niveles de la empresa, particularmente respecto del desempeño,
posición competitiva, estrategia empresarial y gestión de la competencia.
En síntesis, la empresa moderna trae aparejada importantes
modificaciones en la forma como se organiza el trabajo, en la concepción misma
de la empresa, es decir, como una gran aventura de implicación de todos los que
participan del proyecto, y en el rol del empresariado que debe asumir un papel
proactivo que estimula la asociación o el compromiso con su idea empresarial
por parte de proveedores, clientes y, por sobre todo, de los trabajadores, y
por último, en trabajadores comprometidos con el destino de la empresa
desplegando una actitud creativa, innovadora y sugerente, todo esto en un
entorno renovado de relaciones laborales.